La violencia volvió a imponer su ley en Puebla. Esta vez ocurrió en San Miguel Tianguistenco, comunidad perteneciente al municipio de Santa Rita Tlahuapan, donde un hombre fue asesinado a balazos en plena vía pública, confirmando una realidad cada vez más evidente: en muchas regiones del estado, el crimen actúa con mayor rapidez y determinación que las propias autoridades.
La tarde del pasado miércoles, vecinos reportaron múltiples detonaciones de arma de fuego sobre la calle Emiliano Zapata, esquina con avenida Ingeniero Sandoval. Minutos después, el escenario era el mismo que comienza a repetirse peligrosamente en distintas comunidades poblanas: un cuerpo tirado sobre la banqueta, una motocicleta a un costado, patrullas llegando tarde y ciudadanos atrapados entre el miedo y la resignación.
Paramédicos acudieron al sitio para brindar atención; sin embargo, únicamente confirmaron que la víctima ya no contaba con signos vitales. La zona fue acordonada mientras elementos de la Fiscalía General del Estado iniciaban las diligencias correspondientes. De manera preliminar, las autoridades investigan el crimen como un presunto ataque directo.
Pero el problema rebasa este homicidio. La ejecución en Tianguistenco no es un hecho aislado; forma parte de una cadena de violencia que se extiende silenciosamente por municipios, carreteras y juntas auxiliares donde la presencia policial suele ser reactiva, insuficiente y, en muchos casos, simbólica.
Mientras desde el discurso oficial se insiste en presumir coordinación, operativos y “avances” en seguridad, la realidad en las calles cuenta otra historia: asesinatos a plena luz del día, agresores que logran escapar sin dificultad y comunidades enteras que aprenden a convivir con el sonido de los disparos.
La normalización de la violencia se ha convertido en uno de los mayores fracasos institucionales. Cada ejecución que queda impune manda un mensaje peligroso: delinquir en Puebla puede seguir siendo rentable y de bajo riesgo.
En Tianguistenco, la pregunta ya no es únicamente quién disparó, sino por qué las autoridades continúan llegando después de las balas. Porque mientras la estrategia oficial siga enfocada más en administrar cifras y discursos que en prevenir el crimen, los ciudadanos seguirán quedando solos frente a una violencia que avanza sin freno.
